Carta kilometrica a mi amiga alejandra
Sto. Dgo. R. D.
14 de febrero del 2005
Mi querida amigocha, mi musa:
Alejandra…
me interesas mucho pero no logro sentir que sé suficiente de ti. Eres una mujer
muy curiosa, y eso me alienta a seguir siendo tan interesante como pueda. Pues
además de curiosa te has vuelto para mí un misterio. Me impulsas a ser autentico, y también a ser
curioso. Y no se… solo, no se de ti. Quiero saber de ti, de tu vida, tus anhelos,
tus miedos, tus logros, tus inhibiciones, tus decepciones… tu vida, quiero
saber-te. Te pedí saber todo de ti, incluso tus más oscuros e íntimos secretos.
No puedo ser más de ti al no saberte, y
eso me limita… yo no quiero límites. No me gustan las barreras, las fronteras,
los “hasta aquí”, los “nunca” ni los “jamás”. Y yo… yo te quiero a ti, sin
importar los límites, ni nada. No hay
nada insuperable excepto Dios. Te he prometido mis secretos a cambio de los
tuyos, y no pienso hacer otra cosa.
Mi vida
se ha desenvuelto en situaciones que aunque para mí han sido de lo más normal,
no lo son para el resto de las personas. Y no hablo de cosas raras, sino
estupendas. Cosas como el hablar con Dios y obtener su respuesta y su
apreciación para que no reclame una vida sin que antes se arrepienta y obtenga
el perdón, cosas como ver caminar personas sobre fuego sin siquiera
chamuscárseles el pelo e incendiar con buches de combustible las tablas de la
casa sin que se quemen, cosas como nacer de una mujer que no puede tener un
parto y que después de habérsele roto manualmente la fuente ya el bebe había que
suponérsele muerto… pero nace vivo, cosas como el que doce mil voltios pasen
por el cuerpecito de un niño de 9 años descalzo a través de una varilla de
aluminio para poner cortinas sin siquiera sentir corriente o entender por que
la casa casi se quema por el choque eléctrico, cosas como el escapar de una
casa totalmente cerrada que está apunto de ser despedazada por un tornado de
baja categoría… pero escapar cuando ni el viento ni el agua lo permitían y
luego salir de un “salto” de la casa y venir a caer dentro de la casa cercana
de en frente… volando… cuando debió haber salido volando después de 3 minutos
más tarde en un remolino de las hojas de latón del techo (que aquí llamamos
zinc aunque nada que ver con ese metal) que lo hubieran despedazado en el aire
antes de caer a más de cien metros de la casa. Son esas solo las más grandes de
las cosas que he vivido, pero son cosas con las que he vivido siempre. Cosas de
igual categoría he visto más de una vez en esta vida. Pero eso es solo a nivel…
digamos espiritual. En otras tantas cosas también he sabido romper el molde.
Psicológicamente
hablando, soy un niño de 5 años que solo conoce dos emociones y una computadora
muy potente así como muy compleja. O sea, tengo la sencillez emocional y
espiritual de un niño pequeño, y la potencia lógica e inteligencia de una súper
computadora. En realidad soy todo un caso de psicólogo. Incluso tengo una amiga
psicóloga bastante interesada en mi caso, pues según ella, yo he sido mi propio
psicólogo, y le interesa saber como es que he sobrevivido mis crisis. En
realidad mi caso es muy extraño y es genético. Los genes que me dan la altura,
la inteligencia y mi apariencia son de mi padre… de mi madre obtuve más su
crianza que su herencia. Mi padre es un ser absolutamente lógico. Al igual que
yo no concibe el modo de vivir que persiste hoy en el mundo. Hemos aprendido
las cosas para hacerlas correctamente, como es debido, pero el mundo está lleno
de hipocresía, corrupción, y un sin fin de cosas para nada lógicas que dañan el
existir de la vida. Atrasa el humano a sí mismo. Pero él apenas a empezado a
ver la verdad de las cosas. El simplemente (como yo hace poco) juzgaba por lo
que sentía, y por las razones egoístas que veía. Pero yo he aprendido a
cuestionarlo todo. Mi madre es más espiritual y emotiva. Es quien me ha
enseñado que no importa lo del mundo, que los placeres pasan, y las cosas se
pierden, pero lo verdadero es eterno. Me enseño a ser como soy y me debo a ella
más que a nadie, porque además de madre también es mi amiga, y una muy sincera
y comprensiva.
Permíteme
explicarte algo sobre como es que pienso sobre las cosas. La vida del hombre es
como un constructor que construye su propia casa. El buen constructor elige el
mejor material para su casa, y no se conforma con menos que eso. Y la mejor forma de saber cual es el mejor
material es probar cada uno contra todo. Muchos malos constructores solo
conocen el material que está a la mano, digamos madera, y mala madera. Pero
como abunda y ve que casi todas las casas a su alrededor están hechas de lo
mismo, lo toma por bueno y válido. Pero no el bueno, el bueno toma la madera y
la atiesa, luego se pone sobre la madera y la pisa, después la golpea a ver si
se rompe, luego le pone mucho peso a ver si lo soporta. La madera no lo resiste
y no pasa de la segunda prueba. Pero el constructor tira la madera y busca otro
material, aunque le digan sus vecinos que está loco, y que no se debe complicar
uno la vida con cosas como esa, que son cosas que no se piensan porque se sabe
que las cosas son así por que si. Pero el constructor presta oídos sordos
porque quiere lo mejor para su casa. Luego prueba la mejor madera. La atiesa,
la raspa, la quema, la rompe, le pone peso, la tira desde alto, pero ve que no
resiste todas las pruebas. Pero aun quiere lo mejor, porque es su deseo que su
casa sea la mejor. Prueba luego el ladrillo. Muy rígido, muy resistente, pero
muy pesado, y el hombre quiere una buena casa no una que se hunda. Lo usa al
principio pero se da cuenta de que no sirve y sigue buscando. Prueba con el
concreto. Pesa igual pero es más fuerte y resiste increíblemente. Pero ve que
la casa, auque no se hunda, no resiste las más grandes fuerzas de la
naturaleza. Pero ya es el colmo, ya ha probado lo mejor de lo mejor… o al menos
eso cree. Pero luego descubre que todos los materiales a pesar de no ser los
mejores, tenían su fuerza. Y al probar la extraordinaria fuerza de acero se da
cuanta de que solo necesita una buena base y lo demás se sustentará solo. Cimentó
su casa con el mejor y más puro acero. Construyó las columnas de su casa con
concreto, hizo los pisos de madera y de ladrillo las paredes. Pero pintó todo
con las pinturas que regala el ferretero y que casi nadie las toma, que eran
las mejores a pesar de que muchos las tuvieran, pues él las usaba. Pero el que
vende la mala madera, al verle probar tantos materiales, sin que ninguno le
satisficiera quiso probar su casa, para que vieran todos que el hacer otra cosa
diferente a lo que él decía era una estupidez, y paso por la casa con su
tractor. Vio este que los cimentos soportaban el peso de su máquina, pero no lo
dejaban romper las paredes. Hizo avanzar su máquina y la casa no tembló a la
fuerza de sus embestidas. Solo fue una prueba pero en verdad trataba de
destruirla para que tuviera que comprarle madera a él para reconstruirla como
los demás, los que reconstruían su casa constantemente por que la mala madera
nunca soportaba nada. No pudo destruirla, más porque el ferretero, su jefe no
se lo permitió. Y vinieron las lluvias, las tormentas y los terremotos, y las
inundaciones, y el fuego y todas casas de madera mala se destruyeron y les
cayeron encima a sus constructores matándolos… pero el buen constructor estuvo
tranquilo en su casa, porque lo soportó todo. Si bien fue muy caro el precio de
su casa, lo valió todo y más. Cuando convencido de que tiene la mejor casa va
al ferretero a saldar su cuenta, este le dice… es gratis, porque ya alguien más
pago por ti. La única intención del ferretero era esa, que fuera firme la casa,
para entonces habitar en ella ya que desde siempre fue el dueño de ella. Vivir
en la casa junto con el y darle todos los lujos de los que se perdió por
construir su casa, o más bien, los verdaderos lujos, los que eran reales y no
puras imitaciones.
Se que la
historia en muy confusa, y es por que no se nada de redacción de libros o de
historias, simplemente pensé que eso se podría parecer a lo que quiero decir. Pero
la verdad es que seguramente solo me haya parecido a mi eso.
Escúchame
un segundo y entenderás; me he dado cuenta que todos dicen tener la verdad,
pero solo son verdades parciales, que como los materiales, no resisten todas
las pruebas que les impongas, pero son muy comunes por que los usan muchas
personas que piensan que no tienen más que elegir, o que no pueden elegir
mejor. Pero no es así. Se puede obtener una verdad absoluta si usas todas las
verdades y creas una propia, con las fuerzas de la verdad en donde son más
fuertes. La metafísica, el espiritismo, la ciencia, la filosofía, las sectas,
las religiones paganas, y las religiones monoteístas, (judaísmo, cristianismo
católico y protestante así como el Islam); todas, pero todas, solo ven una
parte de la verdad, y creen saberla toda y rechazan lo que los demás están
viendo. No te estoy diciendo que en base a todas estas cosas he creado una fe
diferente, ni que debes seguirla a como de lugar. Lo que te digo es… que eres
libre. Libre para decidir. Para decidir TÚ, para elegir TU vida, para hacer lo
que TÚ quieras, para ser lo que TÚ quieres ser. Sin importar los demás, porque
no es la felicidad de ellos la que depende de lo que tu hagas o dejes de hacer.
Eres total y absolutamente libre, libre para decidir sufrir o ser feliz. Sin
depender de nada ni nadie. Si quieres algo, hazlo tuyo, y que el diablo se lleve
al demonio… nada importa mientras seas feliz, pero verdaderamente feliz, no
simplemente conformada con los placeres de la vida. No debes tener límites. Los
únicos límites que tienes son los que tu misma te pones. Si tú dices que algo
es imposible, pues lo será para ti. Pero si dices eso es para mi, o voy a ser
feliz, no hay mentira del diablo que valga. Mentiras como tu no puedes, eso no
se hace, es imposible, estas loca por siquiera intentarlo…son solo límites que
si te pones a creértelos los tendrás por cierto y no lo son. Si quieres algo,
es tuyo… solo tienes que tomarlo, aunque no sea fácil, pero tampoco imposible.
Creo que
me he desviado un poco del tema. Pero en realidad para entender como soy, es
bueno saber como pienso. Te he dicho ya mis mayores secretos, pero no los más
íntimos aún.
Volviendo
a mi, soy un ser que desde muy niño aprendió que lo que se ve no es lo
verdadero y que lo verdadero no se ve. Pero no me quería conformar con solo
saber lo que se ve. Tuve que aprender a ver lo que no se ve. Pero lo hice de
una manera tan natural que no me sorprende que Jesús haya dicho, “Dejen que los
niños vengan a mí,… por que hay que ser como un niño para entrar en el reino de
los cielos.” Pues de niño, tanto como ahora, me importaba mucho lo que era real
y verdadero. No tanto como para buscarlo, sino, para apreciarlo cuando lo
hallaba. Aprendí a ver a las personas como ellas se ven así mismas, y de hecho
yo mismo me veía así… como quien solo ve el alma de las personas. Hoy día ya me
he acostumbrado a eso. A veces tengo que escuchar los comentarios sobre la
apariencia de alguien que un amigo me dice para darme cuenta que una persona es
bella o feo por fuera. (Aun que los comentarios son más del tipo, “Diañe,
Héctor, ¿tu viste que culo tiene esa tipa?) La apariencia de las personas nunca
me ha importado, en especial la mía. Aprendí a ver lo de adentro. Y lo digo
literalmente. Para mi ver a una mujer despampanante que tiene el corazón
podrido por la avaricia y la vanidad, tal y como la gran mayoría, pasa desapercibida
ante mis ojos. Pero una mujer de gran corazón y llena de ternura y
sentimientos, pudiendo ser lo más ordinario que haya sido visto en el mundo,
para mí será la princesa de los cuentos de hadas. Tanto es así el caso que
muchas veces me cuesta reconocer mi reflejo, o mi imagen en una foto, (cuando
se supone que uno primero reconoce es su misma cara), por que digo “Ese no soy
yo, yo soy un ser muy especial y valioso, pero lo que veo ahí es un muerto, y
yo estoy lleno de vida”… o sea, que yo siempre supe que no era bonito o más
bien no era sexy, pero no me importaba porque creía que a las personas que me
había tocado conocer, con tan bellas almas, no les importaba tanto la
apariencia, y yo no me consideraba un monstruo. Pero ayer… (Hablo del 13 de febrero)
una amiga mía a la que considero mi alma gemela, una buena amiga (de esas que prefieren
decirte la verdad aunque duela, a decirte una mentira piadosa) me contó hasta
que nivel le era yo desagradable a las mujeres y a todo el mundo en general. Se
que le dio mucha pena en decírmelo y talvez hasta se haya arrepentido de
hacérmelo saber, pero le estoy muy agradecido. Aunque duela mucho saberme solo,
tan solo, por algo tan vano, prefiero saberlo que seguirme engañando. Pensaba
que cuando al verme alguien a la cara sonreírle en ves de desviarla mirada era
regalar un poco de felicidad a este mundo en que está tan escasa, pero ahora
veo que mi sonrisa es la causa de que desvíen la mirada. Te enviaré unas fotos
viejas y otras recientes mías, para que entiendas lo que digo. No soy deforme,
ni mucho menos, solo que mi cara no es para nada simétrica, y parezco a veces
un refugiado de los campos de concentración nazi: demacrado, como si hubiera
durado días sin comer, (por cierto me como todos los días 3 libras de arroz
cocido yo solo), o como si tuviera sida o algo así, (eso dicen), y los que me
aprecian solo les queda decir en mi defensa, “Tiene muy buen corazón y es muy
inteligente, pero es raro, es feo, (o simplemente) en lo de la apariencia es un
desastre”. En mi país los hombres feos no se acomplejan, pues si no gustan lo
que hacen atraer mujeres siendo aparentes, vistiendo a la moda, montados en un
buen vehículo, o simplemente con bastante dinero. Existen unos “bacanos” como
se les llaman aquí, que tienen una fuerza misteriosa con la que atraen a las
mujeres. Llámesele sex appeal o como sea, pero calan en el gusto de las féminas.
Otros “bacanos” aprende el arte de la llamada “Muela” o “Cotorra”, que es como
se le dice aquí a las palabrerías usadas para enamorar a una mujer, y no me
refiero a nada romántico, sino más bien vulgar. A mi no me llama la atención
buscar el placer por el simple hecho del placer (y menos como anda el Sida), y
por eso he ignorado todas esas cosas que no me interesan. La verdad que tampoco
mi actitud ni mi forma de comportarme y de caminar ayuda mucho, no les presto
importancia. Ninguna mujer que yo haya conocido ha podido ser solo menos que mi
amiga, por lo superficial que puede llegar a ser el ser humano. Solo las que me
han visto como de verdad soy me llegan a considerar como su hermano, pero no
más. No les cabe en la cabeza besar a tal esperpento. Mucho menos otra cosa.
Solo me queda soportar la soledad que me ha embargado al verme lejos de las
únicas personas que me aprecian de verdad, sin importar mi apariencia ni si
tengo dinero, o si visto bien o ando en un carrazo del año.
La verdad
poco me importa la opinión de los demás, me importa la opinión de las personas
que aprecio. Y veo que no han sabido defenderme cuando escuchan cosas así de
mí. Hasta pena les da a mis amigas que me relacionen con ellas como si fuera su
novio, no… más bien las avergüenzo. Eso si me duele, y más que si me
destriparan vivo, porque me duele en lo más hondo de mi sensible alma, y me
destroza el corazón saber que estoy condenado a estar solo por ser bueno pero
no estar bueno. Sinceramente que he llegado a sorprenderme a mí mismo más al
verme aún en pie, que por la sorpresa del enorme golpe a mi alma. Debo
agradecer al todopoderoso por eso: se que no hubiera podido soportarlo solo. Pero
no fue solo él, también agradezco enormemente haberte conocido. Saber que, allí
en otra parte de este ínfimo mundito azul, existe una persona como tú, eso, eso
me ha dado fuerzas para seguir viviendo. Eres más que mi musa, eres la mano a
la que me aferro con todas mis fuerzas para no caer en el vacío de la eterna soledad,
soledad que me persigue desde que nací y que hoy empieza a alcanzarme.
Ya te he
dicho lo mucho que te aprecio Alejandra, pero solo hasta hoy me he dado cuenta
de cuan grande es lo que has calado en mi alma… te has convertido en más que
una amiga, eres para mi la esperanza de una dulce vida. Saber que existes me da
las fuerzas que tanto me ahora me faltan, cuando me abruman las sombras más
oscuras de mi vida. Simplemente… saberte… me da y me fortalece la existencia.
Sería
prematuro ponerle nombre a lo que siento, pues siento demasiadas cosas con
respecto a otras tantas. Aunque no podrías imaginarte lo que hablar contigo
significa para mí. Aún cuento los segundos cuando se que podré saber de ti.
Aunque suene a algo muy dicho lo de los segundos, lo digo sinceramente. Más que
nada, si algo me queda…eres tú.
No me
gusta hablar tanto de mi, pero el tan solo imaginar que así mismo como te hable
de mi podré saber de ti, me alienta a escribir hasta que esta insípida maquina
se harte de los golpes que recibe de mis enardecidos dedos… dedos deseosos de
tocar otra cosa muy diferente al plástico duro del que dependo para saberme de
tu atención. Dedos que saben, solo saben y por eso añoran, lo que es rozar la
piel tal y como la más fina seda al vuelo de la ligereza de una suave brisa que
recorre la piel tan tiernamente y a la vez tan ardientemente que parece quemar
por dentro de la piel y las venas. Si te dijera todo lo que estos dedos saben y
por solo saber añoran… necesitaría otra carta solo para eso. Imagina entonces
lo que dirá en concierto todo el cuerpo. No… no lo imagines… ya en otro
momento, en otra carta lo diré… o mejor no, talvez deba hacerlo en esta carta,
porque debemos vivir el hoy como si fuera el último que fuéramos a ver. Pero no
lo sabrás hasta que leas toda la carta.
Debo ser
un experto ya en cortarte la inspiración. Descuida, no pretendo dejarte con las
ganas. Ni quedarme con las mías… de escribirte todo lo que sé sobre los cuerpos
y su tacto. Aunque te confesare que preferiría enseñártelo más que decírtelo
simplemente. Huy… ¡para que dije eso! Ya empecé a imaginarme cosas, y es mejor
que me controle. Y eso que aún no te conozco físicamente, pero ya te explique que
eso “me vale”. Eres mi amigocha, y créeme que el mar caribe ni
ningún océano será límite para mí si decidimos ser algo más. Ya cuando se tiene
lo más importante, lo demás se consigue solo. Y estar unidos no será la
excepción.
He aquí
una frase con las que podrías identificarme plenamente: “Mientras tenga lo que
quiero, todo me vale”. Y lo que quiero es ser feliz, y lo conseguiré con amor,
amor mucho y del bueno, del que no se acaba y ya algún día podré agradecerte el
hacerme ver que puedo obtener todo el que pueda existir, sin importar que el
diablo se lleve al demonio. Pero ese día cuando menos lo pienses será ya no un
mañana sino un hoy.
Quiero
contarte un secreto, uno a voces. Sé más sobre besos y caricias y sobre los más
hondos, profundos y exquisitos secretos del placer que el más experimentado de
los amantes, pero no soy uno, quiero decir que no he estado con una mujer desde
que era niño, bueno, quiero decir que solo estuve con una niña. No es para que
sientas compasión por mi, por más feo que fuera, existen muchas mujeres
vagabundas que les vale madre darse a cualquiera si se les da lo que quieren. Y
siempre he tenido las respuestas correctas en todos los exámenes en mi cabeza.
Así como también he tenido facilidades por mi desempeño en lo que hago, así
como unas cuantas veces un poco de autoridad que se me otorga muchas veces por
lo incorruptible que por lo capaz. Bien pude usar eso y muchas otras cosas que
de yo necesitarlas solo debía pedirlas. Pero no las use para obtener placer
porque eso no era lo principal que buscaba, solo era la consecuencia. Yo busco
amor de verdad. Sin sentimientos el placer solo es hormonas. Y yo no quiero
eso, yo quiero lo mejor, no me conformo con cualquier cosa. Pero no debió de
ser difícil hacerlo cuando no se tiene a una turba de mujeres asediando cada
vez mas a cada paso se da. A mi no me atormentan preguntas como “que pasaría si
la beso”, o “podré lograr llevarla a la cama”, o la más frecuente “si ella lo
quiere ¿por qué no disfrutarlo”? Y eso es porque ya se la respuesta a todas esa
preguntas y no me conformo con esas, yo quiero más, pero se me ha negado lo
menos. Se supone que puedo satisfacer a la más ardiente mujer, como también
desinhibir a la más puritana. Puedo mostrarle a una niña el delicado camino de
para ser mujer. O a una mujer encontrarle el esquivo lugar donde se esconde del
detonador de la máxima explosión del placer. Se como hacer sentir a una mujer
la más querida del mundo, también se hacerla sentir satisfecha sin tener que
tocar sus íntimos y sensitivos secretos. Así como hacerla sentir plena sin excitarla.
Se más de un camino para el clímax y me encanta recorrer más de uno a la vez. En
el amor es lo único en lo que concibo la locura mejor que la razón, y créeme
que se como volverte loca. El placer, como todo, solo tiene los límites que uno
le imponga, y yo detesto los límites. Pero por que ir directamente a la cama,
si con un beso puedo llevarte a lugares del cielo que no imaginabas que
existieran. Por que apresurar el paso del amor si también se disfruta el paseo.
Por que comportarse como bestias en celo sin con ternura puedo llevarte a un
cielo que arde de pasión como el mismísimo infierno. Por que copular como
conejos sin con una sola ves puedo hacerte decir basta. Por que ser dos… si
podemos ser solo uno. Puedo enseñarte cosas muy buenas y muy lindas, pero
también soy capaz de enseñarte pasiones que queman más hondo que las mazmorras
del horno infernal. Que arden como el centro del encendido sol. Pero solo puedo
enseñarte lo que desees aprender, lo que me permitas mostrarte, porque como ya
te dije, importa mucho que ciertas cosas hayan sido dichas, y si no me dices
nada, nada de importancia le das a lo que se que sientes. Y no puedo yo hacer
otra cosa. Es por eso que no me quedo con palabras dentro de mí, todas deben
ser dichas si tienen alguna importancia, y más si tienen mucha, hasta el
cansancio he de repetirlas.
Quiero
hacer de nuevo lo de las preguntas de cuestionario que te dije hace tiempo. Por
favor escríbeme primero todos tus datos tal y como si fueras a pedir empleo, y
luego empieza por poner preguntas personales, si te cohíbes, solo piensa en que
yo te responderé la misma pregunta pero con mis propias palabras. Palabras que
espero permanezcan en tu gusto y agrado.
Debo
dejar de escribir o no podré enviarte a tiempo esta carta para que la leas. Hoy
me he vaciado enormemente contigo y aún creo tener muchas cosas que decirte de mí,
pero prefiero ahora saber de ti, y quizás algún día, alguna vez, saber… pero de
nosotros.
Más que
despedirme con un adiós será para ti de mi un hasta siempre.
Por
siempre tu eterno poeta:
________________________________
Héctor
(Comentario de la carta)
“Esa música
de la carta, me recuerda a ti, como quien recuerda un sueño que ha de suceder
algún día, me transporta a ese sueño, y yo
sueño con una escena de amor y deseo en una cabaña de madera, en otoño,
anochece afuera, pero adentro apenas nace la vida, nace la pasión, el deseo
apenas se enciende, y se enciende hasta opacar la luz de la hoguera, cuyo fuego
sonroja sus matices ante tanta pasión y ternura entremezclada. Esa música, con
el silbar del viento, la suavidad con que logra mover las hojas de los árboles,
la ternura con la que hace vacilar la tenue luz del fuego, esa música, ese
ambiente, ese sentimiento… me inspira, me recuerda a ti. Me hace sentir que con
esa misma suavidad puedo tocar tu suave piel, como la seda de tu ligera bata al
viento rozando tu cuerpo. Siento al escuchar esa música, que puedes ser mía, y
eso me inspira. Me hace sentirme seguro que podré llevarte a los albores del
cielo con mis besos, besos locos, pero suaves y tiernos, con labios apasionados
buscando la esencia de tu ser, que en tu boca pueden descansar de tantas
palabras y pueden hablar solo con el ligero y casi superficial contacto de tu
boca y la mía. Labios hambrientos de ti. ”




